Siempre se ha considerado a los ojos como “el espejo del alma”, la constatación de la presencia física del Espíritu en nuestro cuerpo. Nuestros ojos tienen el poder de contactar con otros ojos y de comunicar intenciones y sentimientos. Sabemos que hay miradas que sanan y hay miradas que dañan. La creencia en el llamado “mal de ojo” tiene un profundo arraigo cultural. Un pasaje bíblico del libro de Samuel constituye la primera referencia histórica directa, aunque parecen existir antecedentes más remotos en pergaminos del Egipto faraónico. Tod@s somos vulnerables a la proyección psíquica de l@s otr@s y, por ello, tod@s deberíamos saber cómo protegernos y limpiar estas energías dañinas de nuestro campo energético. Pero tan importante que esto, es aprender a cultivar una mirada capaz de bendecir todo lo que vemos -seres vivientes, objetos y lugares-. Cuando transformamos nuestra mirada en bendición constante expandimos la Luz y el Amor que somos, desarrollando una mirada mágica. Cuando miramos de esta forma a otro ser abrimos la puerta a una comunicación que es de alma a alma. Sólo hace falta una mirada así para entenderse más allá del lenguaje.